

Articulo publicado en El Nacional, Domingo 18 de Junio de 2006, escrito por Gonzalo Jiménez (gjimenez@el-nacional.com)
Hubo una época en que los vampiros aparecían en películas de terror. Pero ya no es así, lo cual es una lástima. Hoy en día, los vampiros del cine pertenecen al género de acción. Se han convertido en superhéroes especialistas en arles marciales y en el manejo de pistolas automáticas, además de ser aficionados a vestir trajes ceñidos de cuero negro. Quizás la culpa la tenga la trilogía de películas sobre Blade, el caza vampiros protagonizado por Wesley Snipes; válgame Dios, hasta podría citarse como influencia la serie televisiva Buffy the vampire slayer. Los vampiros posmodernos poseen la actitud de una estrella de rock -justo como los imaginó la escritora Anne Rice- se ven bailando en fiestas raves clandestinas, a la manera de la secuencia inicial del filme Blade (1998).
Las nuevas generaciones no conocen al Drácula que encarnaron en décadas anteriores Bela Lugosi y Christopher Lee. Sin duda, estos filmes no son capaces de suscitar en la actualidad el terror que provocaron hace medio siglo. También Lugosi y Lee representaban una clase de vampiro más cercana a la sensibilidad del siglo XX y que conservaba poco del aura gótica y del espíritu represivo de la Inglaterra victoriana que marcó la escritura de la novela Drácula (1897) por Bram Stoker. Pese a todas sus mutaciones, el vampiro fue empleado por el cine como una metáfora de los temores más ocultos de nuestra psique. En cierta manera, quizás allí radica también la explicación de por qué el mito del vampiro no ha desaparecido de Hollywood: por su condición de metáfora, al emplear la sangre como un símil de las enfermedades de transmisión sexual y valerse de la inmortalidad como excusa para explicar la inexpugnabilidad del vampiro. Todo eso está bien, pero en el camino se perdió algo irremediablemente: los vampiros dejaron de atemorizarnos para convertirse en superhéroes de acción.
Lo que nos lleva al filme Ultravioleta, que está actualmente en cartelera. Curiosamente, esta película se une a otras tres cintas estrenadas este año en Estados Unidos - UnderWorld: evolution (ya vista en Venezuela), Blood rayne y Perfect creature- cuyos personajes protagonistas son mujeres muy sexy que, debido a ser híbridos de vampiros, están dotadas de sorprendentes habilidades para disparar armas automáticas, pelear con espadas samurai y emplear artes marciales que dejarían loco a Jet Li. En la página web metaphilm.com, el investigador Todd Seavey exploró las similitudes entre estas películas y encontró que todas, comparten un interés por la ingeniería genética. Así, el vampiro, criatura de la noche por excelencia, entra en los ambientes asépticos e iluminados de los laboratorios científicos. La sangre, fuente de vida para el vampiro y metáfora de muchos temores inconscientes, pasa a ser un mero instrumento para que se mezclen ADN humano con ADN de vampiro. En estas películas, especialmente en Ultravioleta, la sangre es un símbolo de pureza genética. O como escribe Seavey: "La misión de los vampiros en el folklore ha cambiado: en vez de caníbales, son ahora, en esencia, una partida de blancos supremacistas". Con este panorama, bien nos valdría un poco de Lugosi y Lee para devolver los vampiros al sitio del que nunca debieron haber salido: las criptas y las noches cerradas con niebla..
Articulo publicado en El Nacional, Domingo 18 de Junio de 2006, escrito por Gonzalo Jiménez (gjimenez@el-nacional.com)